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ISTORIAS E
PRESENTA:

TITULO

Ester Mi Secretaria.
ENVIADA POR

Espero les guste esta historia. EternoExitado.

DESDE Chile.

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Un día Ester mi secretaria, una chica casada de 30 años y sin hijos, se acercó a mi escritorio mientras yo permanecía sentado.  Se puso al lado mío y se inclinó levemente para explicarme los resultados de un informe que le había solicitado durante la mañana. Eran ya casi las cuatro de la tarde y en Santiago a esa hora y en verano hace un calor de puta madre.

Ester es una chica guapa y si bien yo había reparado en ella, nunca había fantaseado con su cuerpo, al contrario me parecía divertido verla tan menudita y con un ligero bigotillo en una cara muy atractiva y con un culo de diosa en el que si había reparado un par de veces al verla con unas calzas deportivas.

El asunto es que Ester al inclinarse permitió que su blusa se abriera y pude observar de reojo una de sus pequeñas tetas, pero por sobre todo, lo que atrajo mi atención fue una pequeña gota de sudor que resbalaba por ese pequeño seno y que llegó a su pezón, no porque lo haya visto sino porque tuvo un leve estremecimiento que hizo que se me pusiera dura como hace tiempo no me sucedía.  En ese momento Ester dejó de mirar el informe y me lanzó una mirada que yo interpreté como calentura.

Yo, un verdadero idiota, esquivé su mirada, me puse nervioso y noté que ella también estaba nerviosa.  Se retiró un poco de mi lado, pero no pudo evitar echar una mirada en mi paquete que no se veía tan abultado como de verdad estaba.  El calor era insoportable y yo sentía correr mi sudor por mi pecho y mis axilas.  Giré y me quise poner de pié justo en un momento en que ella daba un paso hacia mí, lo que hizo que trastabilláramos cayendo yo sentado sobre mi butaca y ella sobre mí.  Mi mano derecha afirmaba su seno y yo sentía su cuerpo presionando mi verga fuertemente.  Creo que ella debe haberla sentido también y quizás eso la calentó más porque se abalanzó sobre mí, lamiendo mi cara hasta llegar a mi boca mojándola con cantidades de saliva que salían de la suya y que me obligaba a tragarla.  Me atoré, pero no supe si era por la cantidad increíble de saliva que salía de esa pequeña pero perfecta boca, o por su mano que restregaba mis testículos por sobre el pantalón.  Se deslizó hacia abajo lamiendo el sudor de mi pecho y en dos segundos se había tragado mi verga por completo.  No soy un superdotado, pero sólo una vez la había visto perderse en una boca y en esa posición.  La succionó unos segundos con increíble delicadeza, se levantó, se subió la corta falda que llevaba puesta, se corrió el calzón para un lado y apareció ante mí una vulva extremadamente peluda y más hacia adelante de lo normal. No pude ver mucho mas porque se sentó encima y empezó a cojerme mientras yo le acariciaba las tetas.  Yo sentía una vagina amplia y me sentía muy a gusto salvo por el roce del calzón sobre mi verga que me provocaba dolor.  Le dije que me molestaba un poco.  Se acerco a mí y con su boca en mi oreja, muy suave me dijo: “Métemela en culo por favor”  Sentí que me corría en ese mismo instante, nos pusimos de pié medio desnudos, ella se inclinó sobre mi escritorio y con sus dos manos se abrió las nalgas presentando un agujero perfecto.  Estaba tan caliente que no dudé en lamerlo y mojarlo en forma insistente, inmediatamente después de estirar al máximo mi lengua y recorrer desde el clítoris hasta el mismo culo una vulva mojada y viscosa.  Perece que en ese instante ella tuvo un orgasmo con sacudidas que me hizo sentir como empezaba a explotar.  Sin dudar y en casi un solo movimiento le encajé la verga en su culo.  Mientras entraba sentía como salían litros de semen de mi verga, liberándome y con una mezcla de placer y dolor.  Ese orificio era pequeño y nunca sentí que cediera, al moverlo lentamente de adentro hacia fuera sentía como mi verga era estrujada.  Ester estaba afirmada del otro extremo del escritorio y se estremecía y babeaba sobre el escritorio.  Cuando lo saqué, noté que apretó su culo aún mas y sus nalgas se veían perfectas y hermosas.  Arreglamos nuestras ropas, ella se empinó para besarme los labios, media vuelta y chau. 

Son las siete, yo termino de escribir este relato para no olvidar, Ester se marchó hace rato, y ya estoy caliente de nuevo pensando en ella.

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