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¡ ENVIANOS
TU HISTORIA E !
Un día Ester mi
secretaria, una chica casada de 30 años y sin hijos, se acercó a
mi escritorio mientras yo permanecía sentado.
Se puso al lado mío y se inclinó levemente para explicarme
los resultados de un informe que le había solicitado durante la mañana. Eran
ya casi las cuatro de la tarde y en Santiago a esa hora y en verano
hace un calor de puta madre.
Ester
es una chica guapa y si bien yo había reparado en ella, nunca había
fantaseado con su cuerpo, al contrario me parecía divertido verla
tan menudita y con un ligero bigotillo en una cara muy atractiva y
con un culo de diosa en el que si había reparado un par de veces
al verla con unas calzas deportivas.
El
asunto es que Ester al inclinarse permitió que su blusa se abriera
y pude observar de reojo una de sus pequeñas tetas, pero por sobre
todo, lo que atrajo mi atención fue una pequeña gota de sudor que
resbalaba por ese pequeño seno y que llegó a su pezón, no porque
lo haya visto sino porque tuvo un leve estremecimiento que hizo que
se me pusiera dura como hace tiempo no me sucedía.
En ese momento Ester dejó de mirar el informe y me lanzó
una mirada que yo interpreté como calentura.
Yo,
un verdadero idiota, esquivé su mirada, me puse nervioso y noté
que ella también estaba nerviosa.
Se retiró un poco de mi lado, pero no pudo evitar echar una
mirada en mi paquete que no se veía tan abultado como de verdad
estaba. El calor era insoportable y yo sentía correr mi sudor por mi
pecho y mis axilas. Giré
y me quise poner de pié justo en un momento en que ella daba un
paso hacia mí, lo que hizo que trastabilláramos cayendo yo
sentado sobre mi butaca y ella sobre mí.
Mi mano derecha afirmaba su seno y yo sentía su cuerpo
presionando mi verga fuertemente.
Creo que ella debe haberla sentido también y quizás eso la
calentó más porque se abalanzó sobre mí, lamiendo mi cara hasta
llegar a mi boca mojándola con cantidades de saliva que salían de
la suya y que me obligaba a tragarla.
Me atoré, pero no supe si era por la cantidad increíble de
saliva que salía de esa pequeña pero perfecta boca, o por su mano
que restregaba mis testículos por sobre el pantalón.
Se deslizó hacia abajo lamiendo el sudor de mi pecho y en
dos segundos se había tragado mi verga por completo.
No soy un superdotado, pero sólo una vez la había visto
perderse en una boca y en esa posición. La succionó unos segundos con increíble delicadeza, se
levantó, se subió la corta falda que llevaba puesta, se corrió
el calzón para un lado y apareció ante mí una vulva
extremadamente peluda y más hacia adelante de lo normal. No pude
ver mucho mas porque se sentó encima y empezó a cojerme mientras
yo le acariciaba las tetas. Yo
sentía una vagina amplia y me sentía muy a gusto salvo por el
roce del calzón sobre mi verga que me provocaba dolor.
Le dije que me molestaba un poco.
Se acerco a mí y con su boca en mi oreja, muy suave me
dijo: “Métemela en culo por favor”
Sentí que me corría en ese mismo instante, nos pusimos de
pié medio desnudos, ella se inclinó sobre mi escritorio y con sus
dos manos se abrió las nalgas presentando un agujero perfecto.
Estaba tan caliente que no dudé en lamerlo y mojarlo en
forma insistente, inmediatamente después de estirar al máximo mi
lengua y recorrer desde el clítoris hasta el mismo culo una vulva
mojada y viscosa. Perece
que en ese instante ella tuvo un orgasmo con sacudidas que me hizo
sentir como empezaba a explotar.
Sin dudar y en casi un solo movimiento le encajé la verga
en su culo. Mientras
entraba sentía como salían litros de semen de mi verga, liberándome
y con una mezcla de placer y dolor.
Ese orificio era pequeño y nunca sentí que cediera, al
moverlo lentamente de adentro hacia fuera sentía como mi verga era
estrujada. Ester
estaba afirmada del otro extremo del escritorio y se estremecía y
babeaba sobre el escritorio. Cuando
lo saqué, noté que apretó su culo aún mas y sus nalgas se veían
perfectas y hermosas. Arreglamos nuestras ropas, ella se empinó para besarme los
labios, media vuelta y chau.
Son
las siete, yo termino de escribir este relato para no olvidar,
Ester se marchó hace rato, y ya estoy caliente de nuevo pensando
en ella.
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