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TU HISTORIA E !
Subí a oscuras las escaleras que me dirigían a su piso, llamé al timbre y mi imaginación comenzó a verme forzando la puerta, empujándola y violándola en el suelo, ella vive sola en un bloque pequeño de pisos apenas habitado por tres vecinos, la conocía desde hacía mucho tiempo, ya que es la hermana de mi novia, y siempre me había dado mucho morbo su pelo negro, sus pechos, sus caderas, su forma de vestir, de hablar, de acercarse a mí. Y la experiencia de sus cinco años mayor que yo.
Noté como miraba por la mirilla, abrió la puerta con un pijama de colores que le aniñaba sus treinta años y con el pelo aún mojado por la ducha, me sonrió, me besó la mejilla, me hizo pasar y me preguntó que me traía por su casa. Todo a un mismo tiempo.
El pantalón blanco de algodón ajustado me dejó entrever que llevaba unas tanguitas de color negra. El fuerte olor a rosas que impregnaba su salón, siempre me había aturdido, al igual que endulzaba la casa, empalagaba mi mente, y ahora el estar a solas con ella y con ese olor aumentaban mi estado de inconsciencia, todo funcionaba a cámara lenta, balbucee que venía a recoger unos CDS de su hermana, hizo que me sentara, comenzó a liar un porrito y abrió un par de cervezas.
El pelo había mojado el pijama que marcaba los pechos duros y rozados. A medida que avanzaba la noche, las botellas y los cigarros de la risa volaban, nos sentíamos muy a gusto y ella me puso los pies encima, comencé a masajeárselos, lenta y suavemente subí por sus gemelos, las rodillas, los muslos y le pedí que se tendiese en el sofá boca abajo.
Quedó a mi merced, se despojó de la parte alta del pijama y comencé a frotarle la espalda, mi mano le masajeó el cuello, bajó por los hombros, descendió dándole gusto hasta las muñecas. De vez en cuando se le escapaba algún gemido de placer. Pasé nuevamente a las piernas, y ascendí, por dios que ascendí hasta lo que me permitió el elastiquillo del tobillo del otrora
sexy pantalón, que no fue poco. Decidí lanzarme un poco más y le dije que para recibir un buen masaje, necesitaría aceite corporal y que ella no tuviese puesto ni anillos, cordones o elastiquillos que le impidiesen la relajación. Me miró incrédula, cogió la parte alta del pijama y se marchó tapándose a su dormitorio.
La he cagado, pensé, ahora se pondrá el pijama y me pedirá que me marche. La puerta se abrió y apareció ella cubriéndose solo con una toalla, con un tarro de aceite en la mano y una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja. Me puse manos a la obra, tendida en el sofá ahora si que era más vulnerable que nunca, pensé en cogerla, atarla y violarla por todos los boquetes de su cuerpo, en estas estaba yo pensando y erectando cuando me
di cuenta que le metía mano a mi cuñada, le frotaba el culo de manera incisiva, ella gemía y mantenía los ojos cerrados, supongo que se excitaba y empezaba a dejar volar su imaginación. Mi dedo, lleno de aceite encontró una puerta trasera y allí se introdujo, a la vez que mi otra mano masajeaba su espalda y cuello. Un breve quejido caldeó el ambiente y mi corazón comenzó a latir y moverse rítmicamente en su esfínter.
Saqué cuidadosamente mis manos de sus zonas erógenas y le pedí que se volviese, ella aturdida obedeció sin rechistar, sus tetas quedaron al aire, bajo su moldeada y atlética barriguita la toalla bordeaba su cintura dejando ver el principio de una recortada mata de pelos, me desplomé sobre ella y le besé los pezones, a penas si se le marcaban y comencé a trabajármelos, los puse como dos garbanzos, mis labios los oprimían, mi lengua los humedecía y mis dientes los provocaban, a la vez que mi aceitosa mano se movía acertadamente dentro de su vagina.
Mi miembro se apretaba contra la bragueta y buscaba con ansias la libertad, que le fue dada por una experta mano que desabrochó todos los botones rápidamente, lo atrincó como si fueran a quitárselo y lo comenzó a chupar con fruición.
La señal de salida había sonado, me dejé caer sobre los poquitos pelos que decoraban su roja raja y con voracidad comencé a comerle el clítoris, pasaba del coño al ano y mi lengua se estiraba lo máximo posible para entrar en sus cavidades hasta la campanilla, me ayudaban mis dedos. Ella no se quedaba detrás, y con habilidad pasaba igualmente de mi ano a mi polla, también habilidosamente me introducía sus dedos hasta el fondo. Para mí era una experiencia totalmente novedosa y placentera.
La abracé y me dirigí con ella besándola hacia su habitación, su chocho chorreaba y corría su flujo por mi barriga, se agarraba con fuerza sus talones a mi culo, y así llegamos a la cama, la arrojé sobre ella y entre risas, ella se giró y me pidió que le taladrase su precioso boquetito trasero.
Pensé donde coño habría algún preservativo, entonces noté que llevaba uno puesto, la muy puta me lo había colocado con la boca sin que yo me diera cuenta cuando me dio el mamazo. Sonreí para mis adentros satisfaciéndome de la suerte que tenía de follar con una experta, le escupí en el ojete, puse mi polla en posición y meneé mi cadera hasta que mis pelos se estrellaron contra su suave culito, con ese movimiento de mete saca estuve un buen rato, ella tenía un espejo de esos de pie en su salón, y me veía reflejado dándole unas embestidas tremendas, también veía su cara que mostraba dolor, excitándome aún más y disfrutando con cada prospección.
Cambiamos de posición y su chorreante coño se dejó penetrar por mi polla, que entró con una suavidad increíble, antes, ella me había quitado el condón lleno de mierda y me puso uno limpio, nuevamente con su boca que a punto estuvo de hacerme reventar de placer, pero aún debía probar ese chochito calentorro.
Y así lo hice, la follé hasta que me temblaron las piernas y me corrí, creo que ella se había corrido un par de minutos antes, porque se llevó ese tiempo riendo, llorando , temblando, sudando y respirando con dificultad, sin seguirme el ritmo.
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