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H
ISTORIAS E
PRESENTA:

TITULO

Relato Bien Caliente.
ENVIADA POR

Agu.

DESDE Colombia.

¡ ENVIANOS TU HISTORIA E !
 
Yo tengo entendido que los amigos que me escribieron, tienen la misma curiosidad relacionada con mi primera ¡experiencia sexual!.

Como algunos ya saben, soy hija de franceses, y mi padre siempre trabajó en la diplomacia francesa, por lo tanto viajamos la mayor parte de mi vida, solo ahora me establecí definitivamente Barranquilla (Colombia).

Yo tenía 13 años, y como en todas las vacaciones de verano, visitábamos a la familia en Francia, en una pequeña villa a la orilla del mar. Nos reuníamos toda la familia, hermanos, primos, sobre la tutela de nuestros abuelos, ¡nos divertíamos muchísimo! En el verano francés de l980, yo aún me daba cuenta de la transformación por la que pasaba mi cuerpo, me salían pelos en el pubis, mis senos se ponían duros y firmes, y me desarrollaba una conchita bien brasileña. Aún así, yo me veía en aquella época, como una chiquilla que siempre fui, rodeada de mis primos y de toda la familia, lo que me dejaba inmensamente feliz, pues pasaba todo el año en ciudades grandes, viviendo en escuelas diferentes, lo que no me daba tiempo para tener amigos.

Cuando sentía la proximidad de algún amigo o amiga, sabía que era por poco tiempo, pues mi padre nunca pasaba más de dos años en un mismo cargo. En Francia era diferente, porque era realmente una familia, y como tal, yo me sentía feliz y me relajaba. Una mañana de sol fuimos a la playa en un van Renault de mi tío, completamente lleno de niños.

Al final de la mañana, mientras jugábamos alegremente en la playa, fuimos abruptamente interrumpidos por la mudanza del tiempo, pues amenazaba un tremendo temporal. Mi tío sin perder tiempo metió a todos los niños al carro, y para sorpresa y disgusto de nosotros, aún dio un aventón a un vecino que trabajaba en un hotel de esa playa, que esperaba el ómnibus para volver a su casa, y lo colocó entre nosotros.

El carro ya estaba completamente lleno de niños, además de ese intruso, sentado en el asiento de atrás, que obligó a mi prima Val a sentarse sobre mis muslos. Sentada al lado del vecino, que se llamaba Marcel, y teniendo a mi prima Val en los brazos no podía respirar, una vez que la lluvia comenzó y todos los vidrios del carro habían sido cerrados, la respiración se hizo dificultosa. En medio de t oda esa apretadera, y sin poderme mover, trataba de acomodarme mejor, cuando aún no entendía, sentí sus manos poner sobre mis piernas, y delicadamente las acariciaba. Con Val sentada en mi falda hasta demoré en percibir que la mano era de Marcel, que sin siquiera mirarme, continuaba acariciándolas, mientras conversaba con mi tío, que insistentemente pedía que se callaran los niños. Sentí algo muy extraño, pues creí que esa actitud era completamente loca, no podía negar también, que era una situación nueva para mí, y definitivamente de mucho placer. Enrojecí inmediatamente, pero en aquella montaña de niños, nadie se dio cuenta de nada.
Cubriéndome con el cuerpo de Val, que como yo sólo usaba maillot, me relajé, y no tenía el coraje para mirarle a los ojos, apenas sentía sus manos acariciarme, que cada vez más se aproximaba a mi sexo. Sentí esa aproximación, más no sabía si quería, o si tuviese que interrumpirlo "para ponerlo en su lugar".

Tan cerca nos encontrábamos, y sin ningún espacio siquiera para que maniobre su mano, imaginé que el también tenía dificultad para alcanzar mi sexo sin que alguien pudiese ver. En ese momento, como si nada hubiese pasado, Val se acomodó en mis brazos, llevando sus nalgas algunos centímetros más adelante, lo que posibilitó para que su mano llegara a su objetivo, y sus manos puso sobre los labios de mi vagina, que estaba a las justas protegida por el fino tejido de lycra de mallito. 
La sensación fue inmediata, sentí algo completamente diferente de todo lo que ya había sentido Instintivamente, sin que nunca hubiese imaginado, abrí más mis piernas, ofreciéndole mi sexo más abiertamente para mi vecino de asiento, que ahora ya me miraba a los ojos, como diciendo quiero más. Cuando su mano pasaba libremente por mi conchita, yo sentía por primera vez, que se mojaba por el placer que sentía, al mismo tiempo que me afligía de ser descubierta y que tuviese ese momento de mujer interrumpida cuando mejor me encontraba. Sin darnos cuenta, llegamos a la casa de mi tía, y bajamos todos para esperar que la tormenta pasara. Marcel se quedó con nosotros, sin embargo, todo el tiempo había conversado con mis tíos, y aparentemente ni se recordaba de lo ocurrido.

En cambio yo, había quedado tan excitada e indomable, que no teniendo en que pensar y que hacer, me dirigí al baño, y me di un baño con agua caliente, mientras me bañaba imitaba sólita los movimientos de la mano de Marcel, manipulando mi cuquita, y ni me di cuenta que Val había entrado al baño. Como estábamos a solas y para mi sorpresa, me revelo que había sentido la mano de Marcel manoseando mi sexo, pues además de percibir, ella también se había excitado con los movimientos de aquella mano en sus nalgas.

Al mismo tiempo quedé decepcionada y excitada, pues ahora al menos tenía con quién comentar mi experiencia, y tal vez hasta continuar esa aventura. Val conocía a la familia de Marcel, sabia donde vivía, y ya hacia planes acerca de nuestro macho en los alrededores de la casa de mi tío. No fue preciso, pues nuestro pretendiente, parecía haber quedado igualmente motivado a dar continuidad a nuestro primer encuentro. Esa misma tarde, antes de dirigirse al hotel donde trabajaba, p asó por la casa de mi abuelo. Y muy sutilmente fijó la hora para un encuentro con las dos para esa noche. Nos íbamos a encontrar junto a una heladería, cuyo dueño era muy amigo de él. Esa tarde no podía ni sentarme, de tan excitada y miedo de que los demás se enterasen. Mi prima, que es un año mayor que yo, y con más experiencia, hizo millones de planes, que iban desde las disculpas para salir las dos solitas, hasta las ropas que teníamos que usar.
Todo estaba preparado, y a la hora señalada estábamos allá en la puerta de la heladería, andando de un lado para otro, sin saber al menos lo que vendría a suceder. Nos reíamos sin parar de nerviosismo, cuando llegó él, acompañado de su amigo heladero, nos sentamos cómodamente en una de las mesas de una deliciosa heladería, como sólo vi en Francia. Con firmeza, pero delicadamente, él nos advirtió, para que nada contásemos a nuestras familias, porque las familias se conocían, no quedaría bien que él sea visto como un depravado, ya que las dos éramos muy jóvenes, que en aquella época él ya tenía 23 años. 
Tratábamos parecer como mujeres con experiencia, y tranquilizamos a Marcel diciendo, que nadie tenia que ver nada con nuestras vidas y actitudes, y que todo lo que podría suceder, quedaría en absoluta reserva entre las dos. Eso fue más que suficiente para que él se calmase y se relajasen, juntamente con Pierre el heladero, y ya quedaron más en confianza para luego invitarnos a "conocer" la oficina de Pierre que quedaba al lado de la heladería. Era una oficina pequeña, con un grande escritorio, un sofá dos sillas y muchos posters al rededor de un enorme espejo antiguo y medio viejo. Val y yo, hablábamos sin parar por el nerviosismo, mientras tanto Marcel me abrazaba por la espalda y me empujaba en dirección al sofá, con las dos manos recorría todo mi cuerpo dirigiéndose a mis senos. Sus manos fuertes apretaban por primera vez mis senos, que todavía no estaban totalmente desarrollados, pero ya estaban suficientemente maduros y duros para atraer las miradas golosas de machos en la playa, lo mismo que a mis primos más viejos. Con los senos apachurrados por aquellas manos fuertes, sentí la aproximación de aquel cuerpo caliente y grande hasta que se pego al mío, al punto que sentí el calor de su aliento en mi cuello, y su pene en mi trasero.

Permanecí inmóvil y muda, mientras sentía sensaciones inéditas e impensables para mi cabeza de chiquilla. Me fui entregando a los sentimientos, sintiendo sus caricias, sus besos en mi nuca, su calor, sus elogios,...

Disfrute mucho y recuerdo bien la expresión de su cara cuando me sacó mi mini blusa, al descubrir mis senos empinados en su dirección, como si se ofreciesen a sus besos. Los besó, los lamió, los mordió; haciéndome ver y sentir tanta pasión, que quedé pasmada con lo que me estaba sucediendo.

Completamente entregada al placer, sentí que llevaba mi mano hasta su sexo, por sobre una bermuda, y poniendo su mano sobre la mía, me hacía frotar con fuerza aquel volumen caliente y grueso, que nunca había tocado antes. Quedé totalmente fascinada con el tamaño y el calor de aquel miembro, y poniendo la otra mano, comencé a desabotonar la bermuda, con la mayor disposición de dejar libre a aquel animal prisionero, que tanto me atraía. Sin la ayuda de Marcel, creo que no hubiera conseguido mi intento, y tenía tantas ganas de apreciarlo. Notando mi desesperación, Marcel abrió la correa y bajo su pantalón juntamente con la bermuda, y me dejó apreciar lentamente, aquel miembro tieso, enorme y brillante, que en nada se parecía a los palitos de mis hermanos.

Todavía estaba apreciando aquel espectáculo, cuando sentí que mi cabeza era fuertemente empujada en dirección de aquel monstruo que tanto me atraía. Sentí entonces su olor, olor caliente y húmedo, de tensión de macho... Con la fuerza de sus dos manos fuertes, sentí que mi cabeza era llevada en dirección de aquel palo, que alcanzó mi rostro, fuertemente obligándome a chuparlo, al principio lo hice tímidamente, y luego ávidamente siguiendo las instrucciones de mi hombre, que gimiendo pedía que me lo tragara y que no parara de chuparlo. Permanecí chupando golosamente aquel palo grande y grueso, cuando oí por primera vez los gemidos de Val, que estaba tendida en el escritorio, recibía entre sus muslos, la cabeza de Pierre, que parecía querer entrar en su concha y ¡qué furia con que chupaba su cuquita!. Aprovechando la parada que di, Marcel se sentó en el sofá, me puso en su dirección, y me colocó sobre su pinga que estaba mojada por mi saliva, mientras frotaba la cabeza voluminosa sobre mis labios vaginales completamente bañada por mi jugo de hembra.

Yo estaba atontada con todo lo que estaba pasando, cuando sentí que él me voltio, y sin decir nada, sentí que su pinga estaba buscando entrar en mi culo, al principio acomodándose y finalmente atravesándome, penetrando fuertemente, firmemente, placenteramente y con mucho dolor. Jalándome fuertemente por las nalgas, él me atraía hacía su cuerpo, introduciendo de una sola vez aquel miembro duro y enorme en mi culito, que hasta aquel momento estaba virgen y cerradito. ¡El dolor inicial, fue substituida por el placer!, Por el orgullo de sentirme mujer, sentirme hembra, sentirme poseída por un macho que me tenía sobre su control!. Mientras era culeada, a veces violentamente, a veces suavemente, escuchaba a Val implorar a su macho, que también la comiese, que ella también quería, quería sentirlo dentro de ella. Mientras era cachada tan rico, vi a Val levantarse través del espejo, y echándose boca abajo en el escritorio, ofreciendo su traste al alucinado de Pierre, que le prometía cacharle rico y quitarle la virginidad de su culo 
Con un movimiento brusco, Marcel quiso enterrar su palo entero en mi trasero, yo le respondí: si, te voy a dar mi culo virgen!!!! Pero, te voy a guiar con calma. Ante lo cual procedí a aplicarme un poco de mentol en el ojete del culo (lo cargaba allí por un pequeño resfriado) y con mis manos separé los cachetes de mis nalgas y le dije: ahora sí!!! Primero colócalo en toda la entrada de mi culo y lentamente me la vas metiendo; lo cual hizo al pie de la letra; pero, sé que la sensación de ese macho de sentir que me había enterrado su potente verga hasta el fondo le produjo un inmenso placer y agarrando con fuerza mi cintura, le gritó a Pierre, que no debería comer la conchita de Val!!!, Conforme ellos se habían puesto de acuerdo, y solamente el culito, porque nosotras, además de conocidas de la familia, éramos menores de edad, y eso podría causarles problemas futuros. Todavía escuche el gemido de Val, cuando Pierre enterró su palo con movimientos locos y violentos, llevando a Val a la locura. Marcel me comía, prometiéndome que si yo me movía bien rico, y le hiciera terminar rico, él haría con que Pierre también me coma. Sintiéndome totalmente abierta bruscamente y realizada, yo hacia lo mejor que podía, imaginando que todo aquel placer se repetiría con Pierre, que ya había terminado y observaba atentamente con Val, mi empeño al ser forzada por mi primer macho.

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