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H
ISTORIAS E
PRESENTA:

TITULO

Mi Otra Cuñada Luzma.
ENVIADA POR

Ignacio.

DESDE México.

¡ ENVIANOS TU HISTORIA E !
 
Hola, es Julián otra vez. Tal parece que la suerte está de mi lado en el aspecto de coger con mis cuñadas. Hace poco les relaté la follada magistral que me eché con Azucena, y ahora tuve la suerte de tirarme a Luzma. Una noche en que mis suegros salieron de  vacaciones nos pidieron a mi esposa y a mí que cuidáramos la casa y a mis cuñadas; por esos días también salió de comisión de trabajo el marido de Azucena, así que ella también se quedó en la misma casa. Después de cenar, mis cuñadas Azucena y Soraida (de 17 años y un cuerpecito delicioso) se quedaron viendo una película. Mi esposa Dacia y yo decidimos tomar un baño de tina. Preparamos la tina y antes de desnudarnos nos besamos con pasión. 
Desabotoné su blusa y descubrí sus senos perfectos (1 metrito nada más) sin brassier. De inmediato se me paró la verga y comencé a acariciarlos. Ella llevó su mano a mi bragueta y la abrió para acariciar el miembro que deseaba y sobar mis huevos. Debo aclarar que me afeito el pene y la base con un poco de los huevos de manera que aumente mi sensibilidad. Me soltó el pantalón y yo le quité la falda. Traía una braga de algodón de esas que cubren todo, pero se la quité de inmediato. Fue maravilloso sentir su carne suave y tibia, apretada contra la mía y cómo acomodaba mi glande entre los labios de su panochita. Se había afeitado todo salvo unos pelotes largos que tiene en torno a los labios de la vulva y que sabe que me encanta lamer. Nos besamos desnudos un buen rato restregándonos los genitales, y poniéndonos más cachondos. Separé sus nalgas con mis manos y le acaricié el ojete con un dedo ensalivado. Al sentirlo me dijo
- ¡Oye! ¿Adónde vas por ahi?
Por toda respuesta le di un empujoncito hacia la bañera y ya dentro de ella me sentó en el respaldo, se hincó frente a mí y me separó los muslos. Tomó mi verga entre sus manos y comenzó aquél ritual de lamidas, chupetes y mamadas que tanto disfruto, entre tanto yo acariciaba sus chichotas coronadas por aréolas picuditas con los pezones más duros que haya sentido (y mamado). Cambié de lugar con ella y me tocó el turno de gozar el sabor de su rajita. Qué delicia fue aquella noche, y es continuamente, lamer todos los rincones de su vulva; sentir su clítoris en la punta de mi lengua y meterla entre sus labios carnositos y parados. Volví a mojar mi dedo con saliva y sus jugos vaginales, y ahora más resbalosito lo dirigí hacia su ojetito, pero nuevamente me rechazó. Me hizo levantar a su nivel y me tomó por la verga y dijo: -Métete primero a tu lugar. Acto seguido me hizo penetrarla porque ya tenía bien mojadita la vagina. Se la sacó y nuevamente me chupó sin succionar, de modo que su saliva y sus mocos vaginales la lubricaron de super lujo. Volvióse y expuso sus nalgas que aunque levemente planas se enmarcan en una cadera redonda de otro metro (no, no tiene 70 de cintura, tiene 80 cm). Se apoyó en el respaldo de la tina y arrodillada de espaldas a mí se separó las nalgas y me dijo: - Lámelo directo mejor. No me dijo dos veces, lo ensalivé bien y luego dirigí el cipote hacia su puerta trasera, lo apoyé contra el ojete virginal y le dí un empujoncito leve que hizo entrar sólo el glande. Dacia se estremeció de placer, sorpresa y dolor. Se lo fui metiendo poco a poco, muy lento, acomodándome en su interior lo más  suavemente que pude, y me la cogí por el culo hasta que tuve un orgasmo de aullido, rugido y suspiros, los cuales después supe que habían oído mis cuñadas. A Dacia le tocó entonces el turno del placer. Giró y me pidió que se la chupara. Entonces me acomodé entre sus muslos mientras de sentó en el respaldo y me dediqué a relamer toda su vulva. Me atrajo hacia sí y me enjabonó el pene con lo cual se volvió a parar. Me enjuagó y se lo dirigió a la vagina. 
Como estaba bastante caliente tuvo un orgasmo de grito pelón, que también oyeron mis cuñadas. Tras un bañito reparador (porque se me paró de nuevo). Nos secamos mutuamente y nos acostamos en la recámara de soltera de Dacia para dormir un muy pesado sueño.

Mientras Dacia y yo gozábamos lo nuestro, Azucena y Soraida se habían echado "Historia de O" Como es natural, Soraida tuvo dudas y miedo acerca de la sexualidad desvirtuada que en esa película se maneja y le preguntó a Azucena si las relaciones sexuales implicaban todo ese sadomasoquismo que la película muestra. Azucena le explicaba las delicias del sexo compartido voluntariamente cuando escucharon los gritos de mi orgasmo. Soraida se preocupó pero Azucena le explicó de lo que se trataba y la chica se tranquilizó sin poder evitar emocionarse. Siguieron platicando de sexo y Soraida le confió que se sentía poco atractiva, que tenía miedo de no gustarle a algún galán que a ella le gustara. Azucena la tranquilizó y le hizo ver lo bien avenidos que son nuestros matrimonios, aunque no le contó el encontronazo sexual que tuvimos regresando de Cuautla (ver: mi cuñada Azucena). Le trató de convencer que era suficientemente atractiva y ante las necedades de Soraida la llevó a su recámara y la paró frente a un espejo de cuerpo entero. La hizo ver la armonía de su rostro moreno de nariz pequeña y grandes ojos castaño claros, de su pelo castaño oscuro que la convierte en una belleza de rara tonalidad veraniega y de sus formas de 85-57-88 que le tomó con una cinta. Soraida le dijoque no estaba segura de la forma de sus pechos a lo que Azucena le aseguró que no había problema. Entonces le quitó la blusa y le soltpo el brassier.

- Es que mira, cómo mis pezones son aguados y boludos...
-Pero si son preciosos replicó Azucena.
-Yo he visto en anuncios y películas que los tienen paraditos y duritos. 
- Es que así se ponen cuando te los tocas.
-A ver si es cierto,- dicho lo cual se los tocó con algo de brusquedad.
-No, así no,-rió Azucena,-así. Comenzó a frotarse los propios y Soraida le preguntó que como. Azucena se desnudó el torso y se los frotó con maestría poniéndoselos paraditos y duros, tal y como los chupé. Con el frotamiento y la desnudez, Azucena se sonrojó y se excitó. 

Soraida le pidió que le explicara bien y Azucena por toda respuesta se acercó y comenzó a frotarlos con suavidad, acariciando levemente la piel de sus pezones y de sus senos de forma perfecta con los pezoncitos dirigidos levemente hacia arriba. Ambas comenzaron a calentarse hasta que Azucena tomó a Soraida por la cintura y desde atrás comenzó a acariciarla toda. Soraida sólo atinó a restregar las nalgas en el pubis de Azucena y ésta le desabotonó la falda que cayó al suelo exponiendo unas caderas perfectas (es la única que no tiene el culito levemente plano), cubiertas por un calzoncito tipo tanga, que dejaba asomar unos pelitos a los lados de la panocha y se metían levemente entre las nalgas cubriendo sólo el triangulito del sacro, a la vez que dejaban ver unos hoyuelos deliciosos en su cintura. Soraida se volteó hacia Azucena y le dijo: -Aviéntate de una vez, bajando los pants deportivos de Azucena con todo y bragas. Fue cuando oyeron el orgasmo de Dacia y Azucena se sorprendió cuando Soraida le pidió que la hiciera sentir así. Yo ya no obtuve detalles de la historia, Soraida me la contó un día que se le pasaron las copas. Lo único que sé es que los chupetes de clítoris y tetas, y los besos de lengüita estuvieron de campeonato. Dacia y yo no escuchamos nada porque ya habíamos caído rendidos por la sesión de cogidas. 

La casa quedó en paz, y yo con una sed de de la tiznada, desperté agotado pero la vista de Dacia desnuda me comenzó a excitar nuevamente. Bajé por agua con las intenciones de despertarla después, pero ya sé que Dacia tiene un sueño de piedra. Bajé a la cocina desnudo y tomé una cerveza que estaba en el refrigerador, cuando cuál sería mi susto de oír que abrían la puerta del frente. Apagué la luz y me agazapé tras una gaveta. Escuché que entraba Luzma, la cuñada que sigue en edad a Dacia y que permanece soltera. Llegó con un novio que tenía que nos caía mal a toda la familia. Entraron al vestíbulo y allí el cabrón de Juan le levantó la falda y comenzó a cachondearla. Ella se le pegó como lapa y levantó un muslo para repegarse más y frotarse en él. Juan le sacó la blusa de la falda y comenzó a acariciar su cintura, una cintura de 60 cm, y levantó la tela hasta el pecho. Yo podía verlos desde mi escondite y se me paró la verga de nuevo. Las caderas redondas de Luzma pronto quedaron expuesta y vi que traía puesto un body que a Juan le dió hueva quitarle, de modo que sólo le sacó los pechos por escote y comenzó a mamarlos. Eso sí, aunque tiene 90 de caderas, de pecho alcanzará 80, pero qué 80 más armónico y precioso. Eso es lo que se llama tetas mamables Señoras y Señores. Luzma permitió todo lo que Juan quiso. Fue entonces cuando ocurrió algo sorprendentemente cachondo. Juan se sacó la verga de la bragueta y le dio media vuelta a Luzma, le separó el body de la nalga y le acomodó la verga entre esas suaves e invitadoras mollas, deliciosas aunque por sello de familia levemente planitas. Luzma empujaba aquella verga com las nalgas y Juan le besaba el cuello masajeándole los senos. Ella correspondía inclinando la cabeza y volteando para que él pudiera alcanzar a besarla. Algo le dijo él que no entendí, peo se separaron y Luzma se fue sentar a un sillón de la sala; Juan se le puso enfrente (para entonces yo ya había gateado hasta quedar oculto bajo la mesa del comedor, desde donde podía contemplar la escena en el mejor ángulo), y Luzma se inclinó hacia delante para iniciar una mamada de verga deliciosísima. Succionaba, chupaba y lamía con una fruición incomparable. Yo pensé que ya no se me iba a parar, pero se me puso dura como vara de caoba. Comencé a masturbarme con la escena que podía contemplar en la penumbra de la noche, con la luz de luna iluminando los senos perfectos de pezones parados de Luzma, y su cara ligeramente cachetona con generoso tolete metido hasta las anginas. Los muslos separados de Luzma eran la segunda visión más excitante del conjunt macizos y carnosos, rematados por unas piernitas delgaditas, pero no mucho y que no dejan de ser apetitosas Yo no quería eyacular en la alfombra del comedor, de modo que dejé de masturbarme y seguí absorto en el ejercicio de Luzma, quien mamaba como loca mientras que Juan le estrujaba las chiches. Entonces él empujó con fuerza hacia su garganta y ella lo apretó más para que no la lastimara. Juan ahogó un mugido y se vino a chorros en la boca de Luzma que no dejó escapar un sorbo. El galán se hincó frente a ella y se fundieron un beso apasionado y largo, mientras yo ansiaba regresar con Dacia. Escuché claramente cómo ella le dijo :- Ahora vente-, no sé lo que él entendería, pero ella se echó hacia el respaldo y subió los pies al sillón pegándolos a sus nalgas. Con ello los muslos se abrieron totalmente y pude ver su mata de pelos intacta, densa, rizada y larga, tupidísima para poder perderse al libar las mieles de su cajeta. En tanto, Juan salió de la casa (¿entendería vete?). Luzma creería que había ido al baño, porque dejó su pose y se quitó el body. La sala pareció iluminarse con la blancura de su cuerpo. Reasumió la posición y comenzó a pasarse las manos por los senos y las caderas, se acarició la vulva y suspiraba caliente. Entonces me acerqué gateando y me coloqué frente a su panocha. Me acerqué y le dí un beso profundo, sacando la lengua para lamer aquellos labios parados y abiertos con un clítoris erguidito. Luzma creyó que era Juan y me comenzó a apretar la cabeza contra su coño, despampanante y desvirgado. Yo chupaba como nunca.- Más,... más,- me pedía a lo que yo respondí generoso; mojé un dedo en sus mocos y mi saliva y se lo metí en el culo. Ella se estremeció de placer y empujaba mi cara con su vulva.

- Más, más, -me pedía-, por favor,... Juan no te detengas..... aaaahhhhh, dame más, máááááás, ....¿qué pasa?... ¡me meoooh!-, y ¡zaz!, tuvo un orgasmo con una eyaculación abundante que yo me apresuré a recoger en la boca y saborear. Subí a mamar sus tetas y nos besamos con todo. Entonces me acordé que se la acababa de mamar a Juan, pero aunque me dio algo de asco ya era tarde. Como tarde fue para ella cuando se dio cuenta de que no era Juan.
-Lián (así me dicen), qué pasó , que haces aquí, dijo sorprendida. 
- Echarme una de las mejores minetas de mi vida. 
- ¡Qué pena!¡Qué vergüenza me da!
- Sssht, calla, no hagas aspaviento. Ya pasó y lo disfrutamos los dos. Sólo guarda el secreto y la memoria, porque no creo que se repita.
-Bueno, nunca digas jamás.
-Tienes razón (total, si quiere, pero nunca ha vuelto a querer).
-Oye,... me gustó cómo besas. 

Por toda respuesta la besé nuevamente y nuestras lenguas ya repuestas del susto se divirtieron bailando y jugueteando juntas en una danza de erotismo y perdición, mientras mis manos mordían suavemente sus senos, como si fueran bocas ansiosas de sacar vida de esas jícaras de miel. Ella me acariciaba la verga sentados en el sofá. La jalé hacia mí y se montó en mis muslos. Acaricié sus caderas, sus nalgas y sus tetas, a la vez que ella me acariciaba y chupaba los pezones y la verga. Me mamó un poco y luego volvió a acomodarse sobre mí. Tomé sus caderas y la levanté y acerqué, con lo que la cabecita de mi verga quedó en su entrada. Yo empujé un poco y Luzma se dejó caer. Mi verga entró victoriosa en aquella caverna que la abrazaba con aquél lenguaje muscular que dice: te deseo ahora. Disfuté la vida que lujuriosa que proporcionaron sus tetas, lamiendo y succionando los pezones que se entregaban como fruta madura y fresca. Nos fundimos en un beso y un orgasmo con mi verga entrando y saliendo y su monte de venus subiendo y bajando hasta quedar exhaustos. Recogimos su ropa, y desnudos ambos la acompañé a su recámara. Luego entré a la de Dacia, me acosté junto a mi esposa y la abracé con ternura, porque la amo locamente y con una pasión mucho muy superior a lo que narré.
 

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